Antes de apuntarte a un taller o de reservar la sala de práctica, conviene aclarar cómo funcionan las sesiones, qué necesitas traer y hasta dónde llega el acompañamiento. Estas son las dudas que más se repiten entre quienes llegan por primera vez a la academia.
No todos los proyectos sonoros necesitan lo mismo. Hay quien llega con un guion a medio escribir y quien solo quiere dejar de tropezar con las palabras al presentar. Estos son los tres recorridos que ofrecemos en Coughlove, con lo que entra en cada uno y para qué tipo de persona encaja mejor.
Ocho sesiones centradas en articulación, respiración diafragmática y ritmo. Se trabaja con lecturas marcadas, trabalenguas y grabaciones de control para detectar dónde se pierde claridad al final de cada idea. Incluye material de práctica diaria y revisión de audios entre sesiones.
Para quien habla en público, da clase o atiende clientes por teléfono y nota que se le apaga la voz.
Ver el detalle del tallerRecorrido completo desde el esquema en papel hasta la escaleta de grabación. Se ordenan bloques, se escriben aperturas y cierres que suenen naturales, y se practica la improvisación controlada. La biblioteca de guiones queda disponible para consultar ejemplos de entrevista y episodio narrativo.
Para quien ya tiene una idea de podcast y necesita estructura antes de encender el micrófono.
Ver cómo se organiza el procesoPrácticas de captación en el estudio de audio, uso de micrófonos, control de ruido y reverberación, y edición básica de pistas. Se trabaja con material propio y se revisan las limitaciones reales de grabar en casa sin cabina: qué se corrige en post y qué no.
Para quien quiere publicar audio con una calidad mínima sin montar un espacio tratado.
Ver condiciones de accesoCómo se trabaja en Coughlove
Cada proyecto de locución o podcast que entra por aquí sigue la misma secuencia. No es un protocolo rígido, pero sí un orden que evita las dos cosas que más retrasan una grabación: llegar al estudio sin guion y descubrir en la edición que faltaba una toma de enlace.
Antes de tocar el micrófono se define qué se necesita: un spot de treinta segundos, la voz de un curso interno, un episodio piloto o una serie completa. En esa conversación se aclaran tono, público, duración por bloque y si habrá entrevistas o solo narración. De aquí sale un resumen escrito que ambas partes revisan.
El texto se trabaja en la biblioteca de guiones: apertura, bloques con intención propia, transiciones y cierre. No se entrega un documento para leer en voz alta, sino una escaleta con marcas de respiración y tiempos aproximados. Si el proyecto es de dicción, aquí se eligen los ejercicios y las lecturas de calentamiento.
La sala de práctica sirve para eso: probar el ritmo, corregir articulación y detectar dónde se cae el aire al final de las frases. Se hacen tomas de control sin presión y se ajusta el texto si una idea suena forzada. Esta etapa suele ahorrar más tiempo que cualquier retoque posterior en edición.
Con el guion probado se graba por bloques, no de corrido. Se registran tomas alternativas de las frases críticas y se anotan las marcas de tiempo para facilitar el montaje. El trabajo de microfonía y tratamiento acústico se decide según el tipo de voz y el uso final del material.
El montaje limpia ruidos, nivela volúmenes y arma la estructura definitiva. El resultado se archiva en la mediateca junto con las versiones de trabajo, y el portafolio recoge los fragmentos que el cliente autorice a publicar. La entrega incluye los archivos en los formatos acordados y una nota con las decisiones de edición.
La academia se organiza por bloques de práctica. No hay un temario único: cada persona entra con un punto de partida distinto y avanza según lo que necesite corregir. Lo que sí se mantiene igual para todos es el orden del trabajo: primero se escucha, después se ajusta la técnica, luego se graba y finalmente se revisa lo grabado con criterio.
Sesiones cortas con trabalenguas, lecturas marcadas y control de aire. El objetivo no es hablar más fuerte, sino sostener la claridad hasta el final de cada frase, que es donde suele caerse la energía. Se graba cada ejercicio para comparar antes y después.
Se trabaja sobre escaletas reales: aperturas, bloques temáticos, transiciones y cierres. Aprendes a distinguir entre un texto para leer y una guía para no perderte al micrófono. Cada guion se prueba en voz alta antes de darlo por cerrado.
Ejercicios en estudio de audio y en sala de práctica con micrófonos distintos. Se revisa distancia, postura, manejo del ruido de fondo y toma de niveles. La idea es que reconozcas tus propias limitaciones técnicas antes de culpar al equipo.
Material grabado para repasar fuera de clase: análisis de locuciones, ejemplos de ritmo y comparativas de tono. La mediateca funciona como archivo de consulta cuando necesitas volver sobre un concepto concreto sin esperar a la siguiente sesión.
Cada participante cierra un módulo con una pieza propia: un episodio breve, una narración o una entrevista editada. No se entrega como ejercicio suelto, sino como parte del portafolio que se construye durante el recorrido.
Un fondo de textos comentados que sirve de referencia para escribir los propios. Incluye ejemplos de distintos formatos y notas sobre por qué funcionan o dónde fallan. Es material de trabajo, no una colección para admirar.